14 enero, 2007

Imagen Pervertida




La vida en la ciudad no es fácil, existe un anhelo, explicado desde la Escuela de Chicago, de volver a la raíz bucólica del campo. Simmel, Sabatinni, y la Ducci apelan al estrés psíquico, a la falta inclusión, integración y el anhelo constante de las políticas publicas por generar en nosotros, los comunes civiles, la idea de que estamos integrados, que compartimos un conjunto de valores sociales que se alejan del marco de las verdaderas necesidades culturales. Es un poco de fanfarria política, de intereses creados, del vacío que genera el consumismo y de las ideologías, y no únicamente la de la corrupción. Es el interés y el deseo humano personal el que maquina cada una de las actividades. Nada es gratuito, nada es tan al azar, y los errores, claro, pueden ser justificados por la casualidad. ¿Existe? Ya tengo mis serias dudas, yo que apelo a que la vida es un conjunto de situaciones regidas por un principio mayor, quizás proveniente de alguna fuerza superior, me genera ya dudas. En la vida urbana, no hay nada certero, todo se desvanece en el aire…las palabras, los encuentros fortuitos y las relaciones se enmarcan en el mismo fin último de las autoridades. Estamos regidos culturalmente por un modelo neoliberal, atestado de ideologías culturales que se enmarcan en los modos de vivir. El interés excesivo en que las políticas modelan sus programas, se repite en la marca humana urbana…me cuestiono muchas cosas, y no se si tenga las respuestas, en la medida que se resuelven algunas, aparecen otras nuevas, y es el constante estrés, la falta de certeza a que apelo la que nos arma estos seres totalmente seguros de si mismos por un lado, y completamente vulnerables por otro. Creo en los equilibrios, y estoy en constante búsqueda de él, pero al primer sesgo, al primer error producto del desequilibrio emocional en el que uno se puede ver envuelto, se convierte inmediatamente en un ser excluido…la vida bucólica, el ideal de vida de la edad media se convierte en un sueño, en una promesa no cumplida de la modernidad, en un racimo mas de posibilidades inexistentes.

Habrá que asumirse como un producto más de consumo, muy bien disfrazado de ello. Ponerse un precio, idealmente en un stand lo mas notorio posible, el mejor disfraz, la mejor defensa y seguir avanzando, hasta ser elegido, comprado y devuelto por fallas técnicas. Asumo esta vez, que la garantía de mi producto no es para toda la vida, aunque en algún momento creí que si, pero no. Hay una política publica que se legisló para que así no fuera…es la era de la deformación de la imagen, y mi garantía extendida no lo cubre, lamentablemente.

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